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“La meta distante esta muy cerca si aceleras tu forma de marchar” "Javier"

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JALS COMPUTACION

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL AJEDREZ

 

1. Juego que se practica sobre un tablero de 64 escaques o cuadrados blancos y negros, en el que cada uno de los dos jugadores dispone de 16 piezas cuyos movimientos, regidos por una serie de reglas, se combinan con el objeto de dejar sin defensa y escape al rey contrario hasta lograr el jaque mate: ¿te apetece una partida de ajedrez?

2. [Por extensión] Conjunto formado por el tablero y las piezas que sirven para practicar este juego: por Reyes me regalaron un ajedrez de ébano y marfil.

3. [Marina] Jareta, red de cabos o enrejado de madera.

 

& (1)[Ocio y Deportes] Ajedrez

 

Juego de mesa para dos jugadores que se practica sobre un tablero dividido en sesenta y cuatro casillas de las cuales treinta y dos son blancas y treinta y dos son negras, todas ellas colocadas alternativamente; sobre ellas se colocan treinta y dos piezas, dieciséis blancas y dieciséis negras, con distintas formas, funciones y movimientos. Considerado el rey de los juegos estratégicos, es no sólo un arte, sino una disciplina deportiva que requiere dominar una serie de virtudes que hacen de este juego el pasatiempo preferido del hombre intelectual: anticipación, puesto que se deben prever las jugadas propias y las del contrario; objetividad, para tener una visión del tablero en su conjunto; precaución, para no perder las fichas vitales; paciencia, con la que esperar el momento propicio para el ataque; y perseverancia para mejorar la capacidad de juego. De hecho, es un juego que no deja ningún resquicio para el azar, y que permite un estudio de estrategias para mejorar el nivel de juego; es decir, no sólo la experiencia sirve para avanzar, sino que el estudio permite mejorar el modo en que se juega.

 

Las reglas del ajedrez han sido objeto de estudio desde la Edad Media. El célebre Libro del axedrez, dados e tablas de Alfonso X el Sabio (el primero que fijó sus reglas en el mundo occidental) da una idea de lo extendido que se hallaba el juego en el Medievo, hasta que en el Renacimiento se fijaron las reglas con las que, salvo pequeñas variaciones, es conocido actualmente. En 1861 se comenzaron a cronometrar las partidas, y en 1833 se introdujo el reloj mecánico. No obstante, no sería hasta 1924 cuando se creara una organización internacional de alcance mundial, la FIDE (Fédération Internationale des Échecs, 'Federación Internacional de Ajedrez'), la cual normalizó las reglas con las que se juegan los torneos en cualquier parte del mundo.

 

La partida

 

Piezas y movimientos

 

En el juego del ajedrez toman parte dos jugadores: uno conduce las piezas blancas y otro las negras. Cada uno con dieciséis piezas móviles situadas en un tablero dividido en sesenta y cuatro cuadrados (escaques) generalmente de color blanco y negro, dispuestos alternativamente, y que debe colocarse de manera que el jugador tenga a su derecha uno de los escaques blancos. Las piezas por cada color son: un rey, una dama, dos alfiles, dos caballos, dos torres y ocho peones, cuyos movimientos son diversos. La colocación de las piezas en el tablero es la siguiente: de izquierda a derecha, descrito desde la posición de las blancas, en la primera fila, una torre, un caballo, un alfil, la dama, el rey, un alfil, un caballo y una torre. En la segunda fila su sitúan los ocho peones. La dama siempre inicia la partida en la casilla central de la primera fila que tiene su mismo color.

 

Los peones avanzan en columna y son las únicas piezas que no pueden retroceder. En la salida pueden avanzar dos casillas y posteriormente sólo una. Capturan las piezas enemigas situadas en los escaques adyacentes en diagonal y siguen su marcha por la nueva columna. Cuando llegan a la octava fila se dice que el peón promociona, es decir, puede transformarse en dama, torre, alfil o caballo. El peón se saca del tablero y es reemplazado por la pieza que se desee, que generalmente es la dama, por ser ésta la pieza más fuerte. El hecho de tener una dama no impide conseguir una segunda.

 

El rey se mueve en todas direcciones, pero sólo un paso cada vez. No puede colocarse junto al rey enemigo ni en casilla atacada por pieza rival, y come las piezas enemigas en la misma forma en la que se mueve. La dama, por su parte, se mueve libremente por columnas, filas y diagonales, o sea, en dirección vertical, horizontal o diagonal, y come las piezas enemigas a cualquier distancia.

 

Los alfiles se mueven en diagonal, siempre según el color de la casilla que ocupan (uno parte desde escaque blanco y otro desde negro) y las torres por columnas y filas, es decir, en dirección vertical u horizontal, perpendiculares a los lados del tablero. Los caballos, única pieza que puede saltar sobre las demás, se mueven en forma angular, desplazándose dos casillas hacia delante o hacia atrás y una hacia el costado, o bien dos casillas hacia el costado y una hacia delante o hacia atrás. El movimiento tiene forma de L. Siempre que se mueven cambian el color de su escaque.

 

Ninguna pieza puede situarse en una casilla ocupada por otra pieza de su propio bando, ni tampoco saltar por encima de ella, excepto el caballo.

 

Un movimiento peculiar es el del enroque. En él se permite al rey y a una de las torres avanzar más de casilla. Hay dos enroques: el corto y el largo: descrito desde el lado de las blancas, en el corto el rey se mueve dos casillas hacia su derecha y la torre pasa a ocupar la casilla situada a la izquierda del rey. En el enroque largo, el rey se traslada dos casillas a su izquierda y la torre se sitúa en la casilla contigua a la derecha del rey. Visto desde la posición negra, donde dice derecha hay que decir izquierda, y viceversa. El enroque no puede efectuarse en las siguientes circunstancias:

 

-Si el rey está en jaque.

-Si el rey o la torre han hecho algún movimiento.

-Si alguna pieza contraria domina las casillas por las que ha de pasar el rey.

-Si alguna pieza, del contrario o propia, está situada entre el rey y la torre.

 

El enroque sólo tiene lugar una vez en cada partida. Su objetivo suele ser quitar al rey del centro del tablero, donde suele correr más peligro, y resguardarlo en un lugar más seguro.

 

Otro movimiento peculiar es la captura al paso: un peón situado en la quinta fila puede capturar a otro peón situado en una columna contigua si en su primer movimiento avanza dos casillas. La captura se efectúa de la misma manera que si el peón sólo avanzara una casilla. Sólo es posible inmediatamente después de que el peón contrario avance a su cuarta fila. Si se difiere una jugada, ya no es posible.

 

La pieza más valiosa es la dama. Le sigue la torre. El valor de alfil y caballo es más o menos equivalente, dependiendo de cada tipo de posición. Generalmente, salvo excepciones, el alfil es algo más valioso que el caballo en las posiciones abiertas, y el caballo es algo mejor que el alfil en posiciones cerradas o bloqueadas. La pieza menos valiosa es el peón, aunque no se debe olvidar la posibilidad, ya mencionada, que tiene de promocionar. El valor del rey no puede establecerse, por ser pieza no sometida a cambios.

 

Comer una pieza enemiga consiste en ocupar su casilla, eliminándola así del juego, siendo su último objetivo comer al rey, ganando la partida el bando que lo consiga. El acto de atacar al rey se llama jaque (en competiciones oficiales, según las últimas normas de la FIDE, no es necesario anunciarlo de viva voz) y lo realiza la pieza que se coloca en posición de amenaza directa. Se llama jaque mate, que decide la partida, cuando el rey no tiene posibilidad alguna de defensa. Si en el transcurso de la partida ninguno de los bandos consigue comer al rey rival ni tiene posibilidad de lograrlo, la partida se declara en empate, llamado tablas. La más habitual de las formas de lograr el empate es el mutuo acuerdo de ambos jugadores, bien porque ninguno tenga posibilidades de capturar al rey enemigo, bien por cualquier otra circunstancia. Otras formas de empatar son menos habituales; entre ellas son dignas de mención el jaque continuo y el rey ahogado. El jaque continuo se produce cuando uno de los bandos puede dar jaque continuamente, pero sin llegar nunca al mate. Las tablas por rey ahogado se dan cuando uno de los reyes, tocándole mover a su bando, y siempre que no esté en jaque, no tiene ninguna casilla donde mover ni tampoco otra pieza que pueda efectuar movimiento alguno.

 

Desarrollo de la partida

 

La partida la inician las blancas. A continuación mueven las negras, responden las blancas, y así, alternativamente, hasta el final de la misma. Las primeras jugadas constituyen la apertura, y es una de las más estudiadas por la teoría, tanto que en las grandes competiciones suele jugarse de memoria (de acuerdo a lo que dicen los libros) a veces hasta más allá de la jugada veinte. En las partidas de aficionados no es necesario tal alarde memorístico, basta con desarrollar las piezas rápidamente y sin pérdidas de tiempo.

 

Cuando se han desarrollado todas las piezas o se han terminado las jugadas teóricas de la apertura, empieza el medio juego. Esta es una de las fases más complejas, pues para jugarla bien es necesario tener un buen sentido estratégico para trazar un plan adecuado, según las características de cada posición. Después de muchos cambios de piezas, cuando quedan pocas en el tablero, empieza la última fase de la partida, llamada final. Paradójicamente, a pesar de la escasez de piezas, esta fase es quizás la más difícil, y pocos son los jugadores que la han dominado. La mayoría de los grandes campeones han sido estupendos finalistas: Lasker, Capablanca, Alekhine, Botvinnik, Smyslov, Fischer o Karpov. Por el contrario, los jugadores muy agresivos, que intentan ganar la partida en el medio juego dando mate o consiguiendo una ventaja tan grande que haga innecesario o muy fácil el final, no han llegado (salvo excepciones, como Mikhail Thal) ni a campeones del mundo ni a figurar entre los mejores. 

 

Después de varios siglos de evolución, el juego ha llegado a tal grado de sofisticación teórica que las jugadas que se realizan en una partida de alto nivel pueden estar previstas por la teoría hasta una fase muy avanzada de la misma. Así, hay decenas de aperturas y defensas teóricamente codificadas (Apertura Española, Defensa Siciliana, Nimzoindia, Tarrasch...). Esto ha derivado en que cada vez sea más importante la genialidad y creatividad de los jugadores hasta el punto de que algunos grandes maestros han propuesto algún tipo de modificación reglamentaria para dar al juego mayor espectacularidad (Fischer, por ejemplo, ha sugerido sortear las posiciones de las piezas en la apertura). Aunque Alekhine decía que estas propuestas de modificar el reglamento sólo se les ocurre a los ajedrecistas que han perdido el título de Campeón del Mundo.

 

Historia y reglas

 

Los orígenes del ajedrez se pierden en la leyenda, pero generalmente se acepta su aparición en la India del siglo V a. C., aunque en forma muy distinta a la actual. Su antecedente hindú más próximo es un juego llamado Tchaturanga; éste pasó a Persia, de donde lo tomaron los árabes, quienes lo transportaron a España e Italia alrededor del s. VIII, y desde allí inició su expansión por Occidente. El ajedrez que jugaban los árabes, que es el descrito por Alfonso X, era distinto al actual. Sólo el rey, la torre y el caballo tenían los mismos movimientos que en la actualidad. La dama no existía, y en su lugar había una pieza llamada alferza, de movimientos muy limitados, pues sólo podía avanzar o retroceden una casilla en diagonal. El alfil se movía en diagonal saltando a la segunda casilla, aunque hubiese alguna pieza interpuesta, ya que no controlaba la casilla intermedia. El peón sólo podía avanzar en su primer movimiento una casilla, y cuando llegaba a la octava fila sólo se transformaba en alferza. El enroque no existía. Se ganaba cuando se daba mate, o cuando se estaba en posición de ahogo.

 

El primer nombre de jugador que se conserva es el del árabe Al-Adli (siglo IX), autor de un tratado que se ha perdido. Se conservan pocas partidas medievales, pues al no haberse descubierto los modernos sistemas de anotación abreviada de las partidas, la transcripción de éstas era farragosa en extremo, ocupando páginas y más páginas de monótona repetición. Si se conservan muchos problemas, generalmente ligados a alguna leyenda árabe. Por ejemplo, la de un príncipe que habiendo apostado y perdido toda su hacienda, se jugó, deseando recuperar lo perdido, lo único que le quedaba, su bella favorita, Dilaram ('Alegría del Corazón', en árabe). Llegó en la partida a una posición en la que parecía que no podía evitar el mate, y en ese momento Dilaram, que deseaba continuar con su señor, le dijo en voz baja, “sacrifica los dos roques [= torres], no a Dilaram”. Siguiendo el consejo, ganó y recuperó todo. La posición del problema es la siguiente:

 

 

 

BLANCAS: Ra5, Th4, Th1, Ah3, Cg4, y peones en f6 y g6.

NEGRAS: Rg8, Tb8, Tb2, Cc4.

 

Solución: 1. Th8 + Rh8. 2. Af5+ [Recuérdese que el alfil no se movía como en nuestros días] Th2. 3. Th2 Rg8. 4. Th8+ Rh8. 5. g7+ Rg8. 6. Ch6 mate.

 

Las reglas que actualmente conocemos se fijaron, aproximadamente, en la segunda mitad del siglo XV, gracias al trabajo de ajedrecistas españoles, portugueses e italianos; aunque la primera compilación conocida, el Libro del axedrez, dados e tablas, editada bajo la dirección del rey de Castilla Alfonso X el Sabio, data del siglo XIII. Durante algún tiempo convivieron las dos formas de jugar, la medieval y la moderna, llamada entonces “de la dama” o “a la rabiosa”, pero muy pronto se impuso esta última. A partir del siglo XVI se fijaron casi definitivamente las reglas que hoy conocemos y es en este momento cuando aparecieron los primeros teóricos del juego y grandes jugadores.

 

El primer tratado moderno de ajedrez es el llamado "Manuscrito de Göttinga", que carece de título y es de autor anónimo, escrito en latín y fechado hacia 1490. El manuscrito original consta de 33 hojas en 4º, y está encuadernado en pergamino. En esta obra ya se contienen algunas partidas de la entonces nueva modalidad.

 

De hacia 1497, e impreso en Salamanca, es el tratado de Lucena, titulado Repeticion de amores e arte de axedres con CI juegos de partido. Esta obra es mitad novela sentimental, mitad tratado de ajedrez. No habiéndose aún descubierto los modernos sistemas de transcripción abreviada de las partidas, la copia éstas es muy compleja y repetitiva. Por ejemplo. En vez del moderno 1. e4. e5. 2. Cf3  f6.  3. Ce5  e5  4. Dh5+  g3. 5 De5+, Lucena dice: “jugar del peon del rey a iiii. casas q’ se entiende contando de donde esta el rey: e si el q’ jugare con vos jugare el mesmo peon a otras. iiii. casas jugareys del cauallo del rey a .iii. casas del arfil del rey e si guarda su peon con el peon del arfil del rey darleys el cauallo por el peon q’ esta a .iiii. casas de su rey. & os tomare el cauallo con el peon jugareys de uestra dama a .iiii. casas del roque de su rey e darleys xaque si se cubre con el peon del cauallo de su rey: tomarles el peon q’ esta a .iii. casas de su rey dar leys xaque por el roque.”

 

En este tratado ya se mencionan algunas aperturas modernas, como la Italiana, Petroff, Gambito de Dama, la Philidor, la Española, etc., y también algunos finales, como la denominada “posición Lucena o puente” en el final de torre y peón contra torre. No se sabe con certeza si es obra exclusivamente de Lucena o si se limitó a recopilar varios análisis de la época.

 

De 1512 es el tratado de Damiano, titulado Questo libro e da imparare giocare a scachi et delle partite, impreso en Roma en 1512. Esta obra tuvo tanto éxito que aún en el siglo XIX continuaba reeditándose.

 

Uno de los ajedrecistas más conocidos del siglo XVI es, indudablemente, el clérigo Ruy López de Sigura [sic], famoso por la apertura que lleva su nombre. En 1561 publicó en Alcalá de Henares el Libro de la invención liberal y arte del juego del axedrez (…). La importancia de este jugador está probablemente sobrevalorada, ya que se vertieron opiniones sobre él que, al menos, pueden ser consideradas como dudosas; así, por ejemplo, se aprovechó que, en 1572, ganase algunas partidas en Roma al italiano G. Leonardo para considerarle Campeón del Mundo, más de tres siglos antes de que se crease este título. En 1575, se enfrentaron en Madrid diversos jugadores españoles y italianos, tomándose buen desquite el transalpino.

 

El tratado de Ruy López apenas aporta novedad teórica alguna sobre sus predecesores. Lo más destacado que contiene es el intento de analizar lógicamente las diversas jugadas. Para mejor comprender el concepto que Ruy López y sus contemporáneos tenían del ajedrez, nada más ilustrativa que transcribir los pintorescos consejos que aparecen en la obra de aquél: “La primera [regla] sea que quando se porna a jugar si fuere de día claro, y al sol, procure el enemigo tenga el sol de cara, porque lo ciegue: y si fuere obscuro, y se jugare con lumbre, hazer que la tenga a la mano derecha porque: le perturbe la vista, y la mano derecha que trae por el tablero, le haga sombra: de modo que no vea bien donde juega las pieças.”

 

El mejor jugador y tratadista del siglo XVII es, sin disputa, el italiano Gioachino Greco, autor de The book of the ordinary games of Chestes composed by Joachino Greco an Italian borne in Calabria, impreso en Londres en 1656, pero del que hay códices manuscritos fechados en 1619 y en fechas posteriores, y escritos en italiano. Esta obra contiene 150 partidas y 12 finales. Con Greco empieza la época de florecimiento de ajedrez combinativo, que tras el eclipse de la época de Philidor, del que enseguida se hablará, habría de culminar en la primera mitad del siglo XIX.

 

François André Danican, más conocido como Philidor (1726-1795), no sólo es el jugador más fuerte del siglo XVIII, sino uno de los mayores innovadores de toda la historia del ajedrez y el primero que supo intuir la verdadera esencia de este juego. Sire de Legal (1702-1792), notable ajedrecista y creador del mate que lleva su nombre, le enseñó a adentrarse en el ajedrez, y durante cerca de tres años le dio ventaja de una torre, pero el alumno terminó superando a su maestro. Philidor fue el primer jugador que practicó y definió el juego de posición en su obra L’Analyze des echecs, impresa en Londres en 1749, y reeditada varias veces. En su famosa frase de “los peones son el alma del ajedrez” se encuentra el germen del ajedrez moderno.

 

Siglo y medio antes que Steinitz, Philidor ya vio cuál era la verdadera esencia del ajedrez. Aunque en su época no había torneos que permitiesen contrastar la fuerza de los ajedrecistas de los diversos países, Philidor es uno de los dos o tres mayores genios de toda la historia del ajedrez. En el París de Philidor, el centro de reunión de los más afamados ajedrecistas era el célebre Café de la Régence. En Londres, la meca del ajedrez durante parte del siglo XVIII y el XIX, solía jugar en los clubes aristocráticos, como el Parlsloe Club, el Westminster Club, el Cigar Divan, etc.

 

El casi nulo contacto entre los ajedrecistas de diversos países impidió que Philidor pudiera enfrentarse a los grandes jugadores italianos del siglo XVIII, verdaderos expertos del juego de combinación y de sacrificios, tales como Ercole del Río, Ponziani y Lolli. Desdichadamente, no se conserva ninguna partida de la juventud de Philidor, ni con Legal, ni del famoso encuentro con el gran jugador árabe Philip Stamma, un gran combinador y, sobre todo, el inventor (aunque haya algún precedente aislado en un manuscrito árabe de la Edad Media) de la anotación algebraica de las partidas, descubrimiento de grandísima importancia para el progreso del ajedrez, pues como hemos podido ver, la transcripción de las partidas era sumamente farragosa. Las partidas que se conocen de Philidor son todas de su vejez, pero bastan, junto a su obra, para considerarle un genio.

 

Lo más débil de la obra de Philidor eran algunas variantes de apertura, ciertamente dudosas. Algunos años después de su muerte, se inició en Inglaterra y Francia una reacción contra sus teorías, que más o menos coincide con lo mismo que sucedía en literatura: la irrupción y triunfo del movimiento romántico. Las rígidas normas de Philidor dieron paso, merced al conocimiento de los tratadistas italianos (más brillantes, aunque menos profundos), a un juego de combinación, con abundantes sacrificios, en el que la inventiva del jugador era fundamental. Es decir, el triunfo del individualismo y de la inspiración del genio sobre las rígidas normas del siglo XVIII, lo mismo que sucedió en el teatro con los estrenos de Hernani y de Don Álvaro. Gran importancia tuvo en el triunfo del movimiento romántico la creación del célebre Gambito Evans, por el Capitán de Marina Mercante Williams Davis Evans. Junto al Gambito de Rey, fue la apertura predilecta de los jugadores románticos.

 

Dos importantes acontecimientos de la primera mitad del siglo XIX fueron la creación de La Palamède, en 1836, que fue la primera revista dedicada al ajedrez, y el celebre enfrentamiento, en 1834, entre el francés Labourdonnais (1795- 1840) y el inglés Macdonnell (1798- 1835), que disputaron 88 partidas, distribuidas en seis encuentros. Labourdonnais ganó 44 partidas, Macdonnell 30, y 14 acabaron en tablas. Esta serie de partidas, de gran audacia y riqueza combinativa, supuso el triunfo del movimiento romántico.

 

El jugador de aquella época, contrariamente al de hoy, que juega para no perder, jugaba no sólo para anotarse la victoria, sino para ganar de la manera más brillante posible, con abundantes sacrificios de material, que solían ser un verdadero derroche de ingenio y de inventiva. También se inician en esta época, primera mitad del siglo XIX, las partidas por correspondencia entre diversas ciudades. Son célebres las que enfrentaron a Londres y Edimburgo (1824-1828), en que triunfaron los escoceses; las de Londres con París (1834-1836), ganadas por los parisinos; y la de París con Pest (1841), en que vencieron estos últimos.

 

En 1843 tiene lugar el principal triunfo del inglés Howard Staunton (el creador del modelo de piezas que se utiliza en la actualidad), en su encuentro con el francés Saint-Amant, al que derrotó por 11 partidas ganadas, 6 perdidas y 4 entabladas. Staunton (1810-1874), que también destacó como estudioso del teatro de Shakespeare, fue uno de los precursores del moderno juego posicional. Todos estos contactos entre jugadores de diversos países, mucho más frecuentes que en siglos pasados, permitieron un gran avance de la teoría ajedrecista. El primer gran fruto de esta teoría fue el célebre Handbuch des Schachspiels, de Paul R. von Bilguer, publicado en Berlín en 1843, y con numerosas reediciones ampliadas durante todo el siglo XIX y parte del XX.

 

La segunda mitad del siglo XIX es la época de los grandes torneos internacionales, lo que trajo consigo que en sólo estos cincuenta años avanzase la teoría ajedrecista muchísimo más que en los tres siglos y medio transcurridos desde que se implantaron las nuevas reglas. El primero de estos grandes torneos tuvo lugar en Londres, en 1851, con motivo de la Exposición Universal de ese año; fue organizado por Staunton y las partidas tuvieron lugar en el St. George Chess Club. Tomaron parte, entre otros, ajedrecistas de la propia Inglaterra, Rusia, Alemania y Hungría. El gran jugador romántico alemán Adolf Anderssen logró brillantemente el primer premio.

 

El primer torneo americano tuvo lugar en Nueva York, en 1857, y fue el único que disputó Paul Morphy, que venció en el mismo. Morphy (1837-1884) ha sido uno de los más brillantes jugadores que han existido, pero la suma brevedad de su carrera ajedrecista (sólo se dedicó durante un par de años a las competiciones serias) impidió que se le pueda juzgar desde una perspectiva más amplia, necesaria para que fuese considerado como uno de los mayores genios de la historia del ajedrez, como a veces, erróneamente, ha sucedido.

 

Jugadores que durante dos años hayan arrollado a sus contrarios ha habido muchos: en el siglo XX, una época en que es más difícil destacar, tenemos los casos de Paul Keres (que a los veintidós años, en 1938, ganó en brillante estilo el que posiblemente haya sido el torneo más fuerte de la historia, el A.V.R.O.), David Bronstein, Mikhail Tahl e incluso los propios Karpov y Kasparov.

 

Morphy fue considerado por el público de su época como un genio combinativo superior a todos los existentes, y sólo comparable al prematuramente fallecido Labourdonnais. No obstante, el jugador americano, aun poseyendo unas grandes cualidades para el juego de combinación, fue en realidad uno de los precedentes de la escuela posicional que había de crear Steinitz algunos años después. Morphy no buscaba desde el principio de la partida, al contrario que la mayoría de sus contemporáneos, brillantes combinaciones, sino que se preocupaba de un rápido desarrollo, de la movilidad de sus piezas y del control del centro del tablero, atacando sólo cuando lo justificase la superioridad posicional de sus piezas. El aspecto más débil de Morphy fueron las posiciones cerradas, en cuya comprensión no alcanzó la misma maestría que en el juego abierto.

 

Otro hito importante en la evolución del ajedrez fue el Torneo de Londres de 1862, también ganado por Anderssen, pues en él se utilizaron, por primera vez relojes para limitar el tiempo de reflexión de las jugadas, que hasta entonces era ilimitado, con lo cual, a menudo, quien tenía posición perdida se eternizaba en sus reflexiones. El tiempo de reflexión en este torneo fue de dos horas para veinte jugadas.

 

Aparte del ya mencionado Anderssen, los más célebres jugadores de la escuela romántica fueron Zuckertort (1842-1888), Tchigorin (1850-1908) y Blackburne (1841-1924), aunque no podemos olvidar a otras luminarias de aquella época, como Max Lange, Petroff, Harrwitz, Von der Lassa, Kieseritzky, Kolisch, Mackenzie, Winawer, Mason, Bird, Paulsen (otro de los predecesores del juego de posición), Gunsberg, Showalter, English, etc.. Pero, el gran revolucionario del ajedrez decimonónico y el creador de la moderna escuela del juego de posición fue Wilhelm Steinitz (1836- 1900).

 

Las doctrinas de Steinitz se popularizaron rápidamente, y dieron lugar a que surgiera toda una legión de jugadores librescos, que solían jugar a no perder, poseedores de una gran técnica, pero que, en general, carecían de la genialidad de la generación anterior. Entre sus discípulos, el más ortodoxo y el que mejor sistematizó y difundió las doctrinas de su maestro fue sin duda el médico alemán Siegbert Tarrasch (1862-1934), autor de dos obras fundamentales en la formación de varias generaciones de ajedrecistas: Dreihundert Schachpartien y Die Moderne Schachpartie (desdichadamente, nunca traducidas al español).

 

Más heterodoxos fueron el americano Pillsbury (1872- 1906) y el húngaro Rudolf Charousek (1873-1900), prematuramente desaparecidos, sobre todo este último, pero que en su corta vida dieron muestra de poseer unas cualidades que les hubieran permitido escalar las más altas cumbres del Olimpo ajedrecista. De Charousek es célebre, entre otras muchas victorias, el Gambito de Rey que le ganó al entonces Campeón del Mundo, Emanuel Lasker, en el torneo de Núrenberg en 1896. Otros grandes jugadores de finales del siglo XIX y principios del XX fueron, entre otros muchos, Karl Schlechter, Geza Maroczy, Akiba Rubinstein, David Janowsky, Frank Marshall, Richard Teichmann, Amos Burn, Rudolf Spielmann.

 

En 1886 tuvo lugar la primera lucha oficial por el título de Campeón del Mundo, que consiguió Steinitz, tras vencer a Zuckertort. Lo conservó en sucesivos encuentros, hasta que en 1894 lo perdió ante el Doctor Emanuel Lasker, que había de conservarlo durante veintisiete años, plusmarca nunca superada. Lasker (1868-1941), doctor en Matemáticas y profundo filósofo, materias en que también fue una destacadísima personalidad y sobre las que escribió importantes tratados, posiblemente haya sido el mejor jugador de toda la historia del ajedrez. Su carrera triunfal se extendió desde 1889 hasta 1936, en que, a sus sesenta y ocho años, aún fue capaz de derrotar, en el Torneo de Nottingham, al entonces Campeón del Mundo, el holandés Max Euwe.

 

El último gran torneo antes de la Primera Guerra Mundial, y uno de los más fuertes de la historia, fue el de San Petersburgo, de 1914, ganado por Lasker, delante de Capablanca, Alekhine, Tarrasch y Marshall, entre otros. Tras la inactividad que impuso la guerra, sobrevino la llamada revolución hipermoderna o neorromántica, encabezada principalmente por Breyer, Reti y Nimzowitch. Éstos proclamaban, dicho de manera resumida, que para dominar el centro del tablero no era necesario ocuparlo con peones o piezas, sino que bastaba con controlarlo a distancia, e incitar al enemigo a que lo ocupase para, a continuación, atacarlo y debilitarlo mediante el desarrollo de los alfiles en fiancheto, el avance de los peones de las alas (sobre todo el de alfil dama), etc.

 

También introdujeron nuevos conceptos, como el del bloqueo, el ataque de las minorías, etc. Así, nacieron nuevas aperturas, como la India de Rey, la India de dama, la Grünfeld, la Alekhine, etc. Algunas de sus ideas se desecharon muy pronto por demasiado excéntricas, pero otras muchas han pasado a formar parte del acervo ajedrecista.

 

En los años veinte destaca poderosamente la rivalidad entre Capablanca (1888-1942) y Alekhine (1892-1946). Capablanca, quizás el ajedrecista con mejores cualidades innatas que haya existido nunca, pero también uno de los más perezosos (lo que le perjudicó mucho) había conseguido el título mundial, ante Lasker, en La Habana, en 1921, y vencido convincentemente en el Torneo de Londres de 1922, pero ya en 1924 tuvo un primer desengaño en el Torneo de Nueva York, en el que quedó segundo, tras Lasker. Este desengaño se repitió, acrecentado, en Moscú, 1925, en que fue superado por Bogoljubow y por Lasker. Sin embargo, su arrollador triunfo en el Torneo de Nueva York de 1927 (al que no fue invitado Lasker) le hizo confiar tanto en sí mismo y en sus cualidades naturales que apenas prestó atención a la defensa de su título que pocos meses después tendría lugar en Buenos Aires ante Alekhine. Éste, uno de los mayores trabajadores que haya conocido el ajedrez, aparte de ser un genio en todas las fases de la partida, le derrotó ante la sorpresa de casi toda la afición mundial, que consideraba invencible a Capablanca.

 

Los años posteriores a 1927 ven el frustrado intento de Capablanca por recuperar el cetro mundial y la primacía en los torneos, pero, a pesar de sus intentos, ya no pudo ser el jugador casi infalible de años antes. Además, la pérdida del título mundial fue una herida que nunca cicatrizó. Esos años vieron la mejor época de Alekhine, que no sólo vencía en cuantos torneos participaba, sino que maravillaba por la belleza de sus partidas. La mejor época de Alekhine se extendió hasta 1935, año en que sorprendentemente, y por estrechísimo margen (15’5-14’5) perdió su título ante el Doctor Max Euwe. Sin quitar un átomo de mérito al caballeroso jugador holandés, en este resultado influyó poderosamente la mala salud de Alekhine, minada por su excesiva afición al alcohol. Dos años después, en 1937, un Alekhine con la salud restablecida derrotó con relativa facilidad (15’5-9’5) a Euwe, recuperando su título mundial, que ya sólo pudo arrebatarle la muerte.

 

Muchos son los torneos importantes de estos años, pero entre todos ellos destacan los de Nottingham, 1936, ganado por Botvinnik y Capablanca, y sobre todo, el A.V.R.O., uno de los más fuertes de la historia del ajedrez, disputado en 1938 en diversas ciudades holandesas y que fue brillantemente ganado por un jovencísimo Paul Keres, que con sólo veintidós años consiguió el mayor éxito de su brillantísima carrera.

 

La Segunda Guerra Mundial no paralizó tanto las actividades ajedrecistas como la de la 1914, pero sí fue un importante freno en la evolución del noble juego, y también el final de toda una época. Cuando en 1945 acabaron las operaciones bélicas, ya no estaban el mundo de los vivos los grandes genios de la época anterior: Lasker, Alekhine y Capablanca, ni tampoco otros grandes jugadores, como Spielmann (a quien llamó Tartakower “el último Caballero de la Orden del Gambito de Rey”), Ninzowitch y Rubinstein (retirado por una enfermedad nerviosa). Pero, principalmente, los años posteriores a la segunda gran guerra fueron testigos del más absoluto de los dominios, como nunca se había visto, por los jugadores de un solo país, la extinta URSS, que acapararon cuantos premios y títulos hubo en juego durante varias décadas, tanto en competiciones individuales como por equipos.

 

Tan grande fue el dominio que cuando en 1970 se enfrentaron los equipos de la URSS y del Resto del Mundo vencieron los soviéticos. Este dominio tuvo un breve paréntesis durante los años 1971-72, en que el excéntrico jugador norteamericano Robert Fischer conquistó el título mundial. En 1975, Fischer, que no había disputado ninguna partida desde 1972, fue desposeído del mismo por negarse a defenderlo ante Karpov: Fischer quería, entre otras condiciones imposibles de aceptar, que el aspirante tuviese que ganar por dos puntos de ventaja, mientras que él tenía bastante con una victoria mínima. En años posteriores, fueron famosas las luchas por el título mundial entre Karpov y el disidente soviético Viktor Korchnoi, en Baguio (Filipinas) el año 1978, en que ganó Karpov por estrechísimo margen tras una dramática lucha (6 - 5, y 21 tablas) y sobre todo las de Karpov y Kasparov en la década de los ochenta, como la de Sevilla en 1987, en que Kasparov tuvo que ganar la última partida para retener su título. Esa partida ha sido la única que se ha transmitido en directo (con gran éxito de audiencia) por Televisión Española.

 

A partir de 1948 el ajedrez competitivo internacional pasó a estar regido por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), que se encargó de organizar el Campeonato del Mundo en ciclos trienales, partiendo de varias rondas de torneos de aspirantes, y un torneo por naciones llamado Olimpíada, que venía celebrándose y organizando desde 1927.

 

Países vencedores de las Olimpiadas de Ajedrez

 

1927:  Hungría         

1928:  Hungría 

1930.  Polonia

1931:  U.S.A.    

1933:  U.S.A.

1935:  U.S.A.

1936 (Oficiosa):   Alemania.         

1937:  U.S.A.

1939:  Alemania. 

1950:  Yugoslavia.     

1952:  U.R.S.S.

1954:  U.R.S.S.        

1956:  U.R.S.S.

1958:  U.R.S.S.        

1960:  U.R.S.S.

1962:  U.R.S.S.

1964:  U.R.S.S.

1966:  U.R.S.S.        

1968:  U.R.S.S.

1970:  U.R.S.S.

1972:  U.R.S.S.

1974:  U.R.S.S.       

1976:  U.S.A.        [No participaron los países de la Europa comunista]

1978:  Hungría.    [La única Olimpiada en que fueron derrotados los soviéticos.]

1980:  U.R.S.S.        

1982:  U.R.S.S. 

1984:  U.R.S.S.

1986:  U.R.S.S.

1990:  U.R.S.S.

1992:  Rusia.

1994:  Rusia.            

1996:  Rusia.

1998:  Rusia.            

2000:  Rusia.                            

 

 

Campeones del mundo

 

1886-1894: Wilhelm  Steinitz

1894-1921: Emanuel Lasker.

1921-1927: José Raúl Capablanca. 

1927-1935: Alexander Alekhine.

1935-1937: Max Euwe.

1937-1946: Alexander Alekhine [murió siendo Campeón del Mundo.]

1948-1957: Mikhail Botvinnik

1957-1958: Vasili Smyslov. 

1958-1960: Mikhail Botvinnik.

1960-1961: Mikhail Tahl.

1961-1963: Mikhail Botvinnik.

1963-1969: Tigran Petrosian.

1969-1972: Boris Spassky.

1972-1975: Robert Fischer.

1975-1985: Anatoly Karpov.

1985-2000: Gary Kasparov.

2000-        : Vladimir Krámnik.  

 

Los vencedores del torneo organizado por la FIDE son:

 

1993-1999: Karpov  

1999-2000: Jalifman.

2000-2001: Anand.

2001-        : Ponomáriov.

 

A partir de 1993 diferencias económicas provocaron la salida de la FIDE del campeón mundial Gari Kasparov, que creó la Asociación Profesional de Jugadores (PCA), que organiza también un campeonato del mundo (cuyo título ha ostentado Kasparov hasta el año 2000), aunque está aún pendiente la unificación del título. El campeonato del mundo que organiza la PCA respeta, más o menos, el sistema tradicional; en cambio, el de la FIDE ha cambiado los enfrentamientos cada tres años por un torneo anual en forma de eliminatorias por sistema de copa, en el que resulta vencedor el mejor de tan sólo dos partidas (excepto en semifinales y final, que se disputan a cuatro y seis partidas, respectivamente), con lo cual, dada la depurada técnica e igualdad entre los actuales grandes maestros, se producen numerosos empates, que suelen resolverse mediante partidas de quince y de cinco minutos, en las que no suele ganar el mejor, sino el que más suerte tiene. Este sistema tiende más a incrementar los beneficios económicos de la FIDE (derechos de televisión, Internet, etc.) que a prestigiar el título. Kasparov, Krámnik y Karpov (éste sólo en los últimos años) se han negado a participar en este mundial.

 

Después de nueve años de encendidas disputas, en mayo de 2002 la FIDE y la PCA acordaron poner fin al cisma del ajedrez y organizar una competición extraordinaria que se resolviera con la proclamación de un único campeón mundial. Para ello se convocó un triple duelo: Kasparov (número uno mundial) contra Ponomáriov (campeón FIDE); Krámnik (campeón PCA) contra el ganador del Torneo de Candidatos de Dortmund y, por último, los vencedores de ambos enfrentamientos (noviembre 2003). Sólo el indio Annan (ex-campeón FIDE) se mostró contrario a esta solución.

 

Los torneos de más prestigio de los últimos diez años, tanto por la gran calidad de los participantes como por el alto espíritu de lucha, han sido los celebrados en la ciudad española de Linares.

 

Vencedores de los torneos internacionales más importantes

 

Siglo XIX

 

Londres, 1851: Anderssen.                 

Nueva York, 1857: Morphy.

Manchester, 1857: Löwenthal.              

Birmingham, 1858: Löwenthal. 

Bristol, 1861: Paulsen.                         

Londres, 1862: Anderssen.   

París, 1867: Kolisch.                            

Baden- Baden, 1870: Anderssen.  

Cleveland, 1871: Mackenzie                

Viena, 1873: Steinitz.       

Filadelfia, 1876: Mason.                      

Leipzig, 1877: Paulsen.

París, 1878: Zuckertort.                       

Leipzig, 1879: English.

Nueva York, 1880. Mackenzie.            

Berlín, 1881:  Blackburne.

Viena, 1882: Winawer y Steinitz.         

Londres, 1883: Zuckertort.

Núrenberg, 1883: Winawer                  

Hamburgo, 1885: Gunsberg. 

Francfort, 1887: Mackenzie.                

Nueva York, 1889: Tschigorin y Weiss.

Amsterdam, 1889: Burn.                      

Breslau, 1889: Tarrasch.

Manchester, 1890: Tarrasch.               

Dresden, 1892: Tarrasch.

Londres, 1892: Lasker.                        

Nueva York, 1893: Lasker.

Leipzig, 1894: Tarrasch.                      

Hastings, 1895: Pillsbury.

San Petersburgo, 1895- 96: Lasker     

Núrenberg, 1896: Lasker 

Budapest, 1896: Tschigorin                 

Berlín, 1897: Charousek.

Viena, 1898: Tarrasch.                        

Colonia, 1898: Burn.

Londres, 1899: Lasker.                        

París, 1900: Lasker.                       

Múnich, 1900: Schlechter y Pillsbury.

 

Desde 1901 hasta la Segunda Guerra Mundial

 

Montecarlo, 1901: David Janowski.  

Hannover, 1902: David Janowski.

Montecarlo, 1902: Geza Maroczy.  

Montecarlo, 1903: Siegbert Tarrasch.

Viena (Temático del Gambito de Rey Aceptado) 1903:  Mikhail Tschigorin.    

Cambridge Springs, 1904: Frank Marshall   

Montecarlo, 1904: Geza Maroczy.

Viena (Temático del Gambito de Rey Rechazado) 1904- 05: Karl Schlechter.

Barmen, 1905: Geza Maroczy y David Janowski. 

Ostende, 1905: Geza Maroczy.

Ostende, 1906: Karl Schlechter.               

Núrenberg, 1906: Frank Marshall.      

Ostende, 1907: Siegbert Tarrasch.            

Karlsbad, 1907: Akiba Rubinstein.                 

Viena, 1908: Geza Maroczy, Karl Schlechter y Oldrich Duras.

Düsseldorf, 1908: Frank Marshall.

Praga, 1908: Karl Schlechter y Oldrich Duras.

San Petersburgo, 1909: Emanuel Lasker y Akiba Rubinstein.

Hamburgo, 1910: Karl Schlechter.

San Sebastián, 1911: José Raúl Capablanca.

Karlsbad, 1911: Richard Teichmann.

San Sebastián, 1912: Akiba Rubinstein.

Pistyan, 1912: Akiba Rubinstein.

Breslau, 1912: Akiba Rubinstein y Oldrich Duras.

Vilna, 1912. Akiba Rubinstein.  

Abazzia (Torneo Temático del Gambito de Rey Aceptado), 1912: Rudolf Spielmann.

La Habana, 1913: Frank Marshall.

Scheveningen, 1912: Alexander Alekhine. 

Baden bei Viena (Torneo de los Gambitos, excepto el de Dama), 1914: Rudolf Spielmann.

San Petersburgo, 1914: Emanuel Lasker.

Mannheim, 1914: Alexander Alekhine. 

Hastings, 1919 [Torneo de la Victoria]: José Raúl Capablanca. 

La Haya, 1921: Alexander Alekhine.

Londres, 1922: José Raúl Capablanca.

Teplitz- Schönau, 1922: Rudolf Spielmann y Richard Reti.

Pistyan, 1922: Eufim Bogoljubow.

Karlsbad, 1923: Alexander Alekhine, Eufim Bogoljubow y Geza Maroczy.

Märisch- Ostrau, 1923: Emanuel Lasker.

Viena, 1923: Savielly Tartakower.

Nueva York, 1924: Emanuel Lasker.

Moscú, 1925: Eufim Bogoljubow.

Baden- Baden, 1925: Alexander Alekhine.

Semmering, 1926: Rudolf Spielmann.

Magdeburgo, 1927: Rudolf Spielmann.

Londres, 1927: Savielly Tartakower y Aaron Nimzowitch.

Nueva York, 1927: José Raúl Capablanca.

Bad Kissingen, 1928: Eufim Bogoljubow.

Berlín, 1928: José Raúl Capablanca.

Karlsbad, 1929: Aaron Nimzowitch.

San Remo, 1930: Alexander Alekhine.

Bled, 1931: Alexander Alekhine.

Berna, 1932: Alexander Alekhine.

Zúrich, 1934: Alexander Alekhine.                                 

Hastings, 1934- 35: Sir George Thomas, Max Euwe y Salo Flohr.

Moscú, 1935: Mikhail Botvinnik y Salo Flohr.

Moscú, 1936: José Raúl Capablanca.

Hastings, 1935-36. Reuben Fine.

Margate, 1936: Salo Flohr.

Nottingham, 1936: Mikhail Botvinnik y José Raúl Capablanca.

Kemeri, 1937: Salo Flohr, Sammy Reshevsky y V. Petrov. 

Semmering Baden, 1937: Paul Keres.

A.V.R.O.: 1938: Paul Keres. 

Leningrado- Moscú, 1939: Salo Flohr.

 

Durante la Segunda Guerra Mundial los torneos más importantes fueron los de: Salzburgo, 1942; Munich, 1942; Praga, 1942, Praga, 1943; Salzburgo, 1943…, todos ellos ganados por Alekhine, excepto el último en que compartió el primer puesto con Paul Keres; y el de Praga, 1942, en que empató con el joven talento alemán, prematuramente desaparecido, Klaus Junge.  

 

Posteriores a la Segunda Guerra Mundial

 

El número de torneos se vio incrementado considerablemente desde 1945, sobre todo a partir de los años setenta. La gran mejoría de los premios económicos hizo que los mejores jugadores (con la importantísima excepción de Botvinnik) participaran en muchos torneos. Una relación de casi todos ellos aparece en los sucesivos números de la revista Informator, editada por la FIDE, que desde mediados de los años sesenta publica las clasificaciones de los torneos y unas setecientas partidas en cada ejemplar (dos al año en los primeros tiempos, y tres en la actualidad). Siendo imposible mencionar los cientos y cientos de importantes torneos que se han disputado en los últimos tiempos, se ofrecen los de candidatos al título mundial y algún otro en que intervino Botvinnik. Para una relación casi completa de los torneos más importantes que se han disputado, puede verse el citado Informator o las revistas especializadas, como la inglesa British Chess Magazine.

 

Groninga, 1946: Mikhail Botvinnik.

Candidatos, 1950: Bronstein.

Budapest, 1952: Paul Keres. 

Candidatos, 1953: Vasili Smyslov.

Candidatos, 1956: Vasili Smyslov. 

Moscú, 1956: Mikhail Botvinnik y Vasili Smyslov.  

Candidatos, 1959: Mikhail Tahl. 

Candidatos, 1962: Tigran Petrosian.  

Candidatos, 1965: Boris Spassky. 

 

Campeones de la Unión Soviética

 

Posiblemente hayan sido los Campeonatos de la Unión Soviética, sobre todo desde 1945 hasta mediados de los años setenta, los torneos más fuertes de su época, pues en muchos casos tuvieron una participación más importante (en conjunto y en detalle) que los torneos de candidatos al título mundial. Conviene, por consiguiente, reproducir la lista completa de los campeones de la extinta U.R.S.S.

 

1.              1920                    Alexander Alekhine

2.              1923                    Romanowsky

3.              1924                    Bogoljubow

4.              1925                    Bogoljubow

5.              1927                    Bogatyrchuk y Romanowsky

6.              1929                    Verlinsky

7.              1931                    Botvinnik

8.              1933                    Botvinnik

9.              1934-5                 Löwenfisch y Rabinovich

10.            1937                    Löwenfisch

11.            1939                    Botvinnik

12.            1940                    Bondarevsky y Lilienthal

13.            1944                    Botvinnik

14.            1945                    Botvinnik

15.            1947                    Keres

16.            1948                    Bronstein y Kotov

17.            1949                    Bronstein y Smyslov

18.            1950                    Keres    

19.            1951                    Keres

20.            1952                    Botvinnik

21.            1954                    Averbach

22.            1955                    Geller

23.            1956                    Taimanov

24.            1957                    Thal

25.            1958                    Thal

26.            1959                     Petrosian

27.            1960                     Korchnoi

28.            1961 (en- feb.)     Petrosian

29.            1961 (nov- dic.)    Spassky

30.            1962                    Korchnoi.

31.            1963                    Stein.

32.            1964-5                 Korchnoi.

33.            1965                    Stein.

34.            1966-67               Stein.

35.            1967                    Polugayevsky y Thal.

36.            1968-69               Polugayevsky.

37.            1969                    Petrosian.

38.            1970                    Korchnoi.

39.            1971                    Savon.

40.            1972                    Thal.

41.            1973                    Spassky.

42.            1974                    Belyavsky y Thal.

43.            1975                    Petrosian.

44.            1976                    Karpov.

45.            1977                    Gulko y Dorfman.

46.            1978                    Thal y Tseshkovsky.

47.            1979                    Geller. 

48.            1980-81               Belyavsky y Psakhis.

49.            1981                    Kasparov y  Psakhis.

50.            1983                    Karpov.

51.            1984                    A. Sokolov.

52.            1985                    Gabrikov, Gurevich y Chernin.

53.            1986                    Tseshkovsky.

54.            1987                    Belyavsky. 

55.            1988                    Kasparov y Karpov.

56.            1989                    Vaganyan.

57.            1990                    Belyavsky, Yudasin, Bareev y Vyzhmanavin.                   

58.            1991                    Minasyan y Magerramov. 

 

Enlaces en Internet

 

http://www.feda.org/index1.htm; Federación Española de Ajedrez.

http://www.fide.com/; Fide (Federación Internacional de Ajedrez).

 

Bibliografía

 

Salvo alguna excepción imprescindible, se procura ofrecer la bibliografía más accesible para un lector medio español.

 

Historia del ajedrez

 

VAN DER LINDE, A. Geschichte und Litteratur des Schachspiels.  

MURRAY, H.J.R. A History of Chess.  

FERNÁNDEZ RÚA, J. La edad de oro del ajedrez (Hasta finales del siglo XIX).  

 

Rudimentos del juego

 

REINFELD, F. Primer libro de ajedrez.

PANOV, V. Ajedrez elemental

 

Aperturas

 

Enciclopedia de las aperturas. 5 tomos.

PANOV, V. ABC de las aperturas.

-------------: Teoría de aperturas. 2 tomos.

PACHMAN, L. Teoría moderna en ajedrez. 4 tomos.

 

Estrategia y táctica

 

PACHMAN, L. Estrategia moderna en ajedrez.  

-----------------: Táctica moderna en ajedrez. 2 volúmenes.

MÜLLER, H. Ataque y defensa.

LASKER, E. El sentido común en ajedrez.

---------------: Manual de ajedrez.

NIMZOWICH, A. Mi sistema

SPIELMANN, R. El arte del sacrificio en ajedrez

 

Finales

 

KERES, P. Finales prácticos de ajedrez.

PACHMAN, L. La práctica de los finales en ajedrez.

LÖWENFISVCH y SMYSLOV Teoría de finales de torre.

 

Entrenamiento

 

KOTOV, A. Piense como un gran maestro.

SUETIN, A. El laboratorio del ajedrecista

 

Colecciones de partidas

 

TARRASCH Dreihundert Schachpartien

--------------: Die Moderne Schachpartie.  

RETI, R. Los grandes maestros del tablero.

ALEKHINE, A. Mis mejores partidas (1908- 1923).

-----------------: Mis mejores partidas (1924- 1937).

FISHER, R. Mis sesenta memorables partidas.

TARTAKOWER, S. y DU MUNT, J. 500 master games of chess.

BRONSTEIN, D. 200 partidas abiertas

LE LIONNAIS, F. Premios de belleza en ajedrez.

 

Programas informáticos de ajedrez

 

Fritz 6.

Hiarcs 7.32.

Genius 6.  

 

V. Azcune F.

 

jalscomputacion@hotmail.com

 

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